
Te presiento algo indolente,
con un mirar sereno como agua de mar
y bajo tu incipiente bigote tu sonrisa,
la que cautiva, la que marea.
Cada mañana al verte pasar
mi corazon late con furia,
porque en las noches
en mis sueños te apareces.
Y mi cama nos convierte en volcán y lava,
cuando nos enredamos entre el sutil perfume
de una lavanda mientras tus labios
con maestría resbalan por mi cuello,
dejando fuego en cada beso.
Tu cuerpo desnudo es mi mayor locura
porque el deseo se refleja en el brillo de tus ojos,
el que calmo con caricias, con mi lengua,
con palabras y con mi cuerpo.
Ven ermitaño no te alejes
no te niegues al amor que hoy te profeso,
ámame como en el sueño,
calma esta sed que tu mirar me provoca
elévame por los vientos de la lujuria
y esconde mi nombre en tu boca amada
mientras el silencio nos acompaña.
15/09/2009