La tarde va cayendo lentamente, por mi ventana se filtra la fina silueta de la soledad, me mira, se ríe y se instala. Golpean la puerta una brisa entra; ahí esta es la tristeza, me abraza, se sienta y con la señora soledad empiezan su juego.
Las veo sonrientes felices, porque aun no puedo sacarlas de aquí. Una juega con mi pelo, la otra me hace sufrir mi corazón galopa como queriendo salir. Mi perro me mira como diciendo porque lloras, porque gritas él espantarlas no puede, ya que solo las huele pero morderlas jamás.
Y así llega la noche, las señoras se despiden y yo quedo tan rendida de tanta tristeza y dolor, se que quizá mañana volverán pero no harán tanto daño, porque mi corazón curtiéndose está, y ya llegará el día en que las pueda echar para nunca más volver.
De los sueños que imaginas Donde la ansiedad se suelta Y las alas se extienden, Con las caricias ansiosas Sobre la piel que espera Como sedienta de agua.
Bajo un suave sonido Danzan dos cuerpo hambrientos El aire es agridulce una corola a tu deseo se abre Mis pétalos te aprisionan El horizonte despierta a tu imaginación abierta....
Como siempre cuando me pongo a redactar, con simples palabras empiezo, a medida que se desarrollan los hechos mi mente va elaborando nuevas situaciones, al término de ésta, rara vez tengo un final definido, tan solo surge en el momento menos imprevisto por alguna palabra que me lo sugiera, eso pasó en uno de mis cuentos, hasta yo me sorprendí al ver el final. Me pregunte primero, porque ese final tan brusco que lastimó mi corazón, siendo como es una persona a la cual estimo mucho y lo siento como un gran amigo, después me di cuenta que habían pasado varios años y a lo mejor en esas cosas que la vida tiene podría suceder, aunque de todo corazón no le deseo a nadie el mal, también me dije que si fuese un psicólogo me diría, eres una persona egoísta, y no quieres compartir a tu amigo con nadie, pero no es así, al contrario, creo que lo comparto con el resto, ya que tiene vida propia. Y así pensando en esto, sintiendo el perfume que despedían las flores al bajar el sol, en compañía de tus cinco perros, me senté bajo la sombrilla a esperar tu regreso. Casi cuando el ocaso llegaba lentamente, despidiendo sus últimos rayos, te vi llegar como siempre lo imaginé, bajando de tu gran auto color cereza, traías puesto una blanca camisa algo abierta que dejaba escapar un incipiente bello, pude observar tu cabello corto que diría brillaba por la humedad de la tarde, pantalones algo holgados y de buen corte tenías, brazos fuertes y vigorosos acentuaban los músculos algo trabajados bajo la camisa, te vi mirar hacia arriba y sorprenderte al ver mi figura, ya que no sabías que allí te esperaba, diré que note cierto nerviosismo al verte subir, sabía casi intuía lo que pensabas, quien será, porque mis perros a su lado están tan tranquilos, cuando se les adiestro para ahuyentar a toda persona ajena a la familia. Donde estarán mis hijos, que no vienen a saludarme?. Ellos estaban regocijándose por la cara de sorpresa que pondrías al verme, tu encantadora mujer, me había recibido como una hermana más, habíamos hablado casi toda la tarde, nos contamos cosas que recordamos por habernos escrito anteriormente, para ella también fue una sorpresa el verme, pero aunque quiso avisarte, le rogué que dejase todo como estaba, para que mi visita fuera mas sorpresiva para ti. Pude observar que tu rostro de niño había desaparecido, con el tiempo te habías convertido en un elegante hombre, tenias algunas arrugas alrededor de tus ojos, me recordaron a los de tu madre tiempo atrás, aún conservabas tu barba tipo candado y los bigotes esos bigotes que le daban seriedad a tu rostro y tu andar siempre erguido y seguro de ti mismo, como si el mundo fuese tuyo, fuiste el modelo de muchas de mis poesías, gracias a tu intuición y a tu ayuda soy casi una de las grandes escritoras, y acá estoy, dándote la bienvenida. Recuerdo la primera vez que visité México, para mí es el país de la historia mas interesante, ya que me atrae todo su misterio e historia, aún eras un niño cuando nos encontramos por primera vez, casi como mi hijo, ya que tienen la misma edad, siendo nuevo en este rubro, te animaste a realizarme un reportaje, dado que era una nueva escritora, estabamos tan nerviosos, todo salió a la perfección, me obsequiaste el DVD para verlo de tanto en tanto que aún guardo con cariño.
El tiempo y con los años pasaron nunca pudimos encontrarnos, solo tus correos en la mañana llegaban a mis manos y por ellos sabia como te iba en la vida. Me anunciaste tu noviazgo, algo así me contabas, encontré el ángel que guiará mi vida. Después de un tiempo pusieron fecha para la boda, quise llegar a tu casamiento, pero mis compromisos contraído anteriormente me hicieron desistir, supe cuando nació Maximiliano y el nacimiento de la pequeña Luna, son dos preciosos hijos los que tienes, Maxi, trae como herencia los ojos de su abuela, negros con chispitas doradas es tu vivo retrato, como el que guardo en casa junto a mis seres queridos, y Luna es el retrato de Silvina, rubiona y de ojos grises, tu dulce y adorada esposa. Hoy me siento orgullosa de tenerlos como mis amigos del alma.
Ya casi llegas, me miras, achicas tus ojos como buscando una imagen en tu memoria y los abres desmesuradamente, pegas casi un grito, tus ojos de lagrimas se llenan y tus brazos hasta mí llegan en un gran abrazo. La emoción nos embarga, cuantos años pasaron, parecía imposible este encuentro. La cena fue emotiva con recuerdos, anécdotas y algunos cuentos que con maestría tus hijos me pidieron les relatara.
Caminando por la orilla de la playa con nuestros pies mojándose por la espuma que el agua trae, nos sorprendió la noche, una luna muy blanca se reflejo en el mar, el cielo se pobló de miles de estrellitas que titilaban al unísono de nuestros recuerdos, como en otros tiempos, revivimos el pasado, junto a un gran fuego vimos como el amanecer nos daba los buenos días nuevamente, la luna ya se había escondido, el sol asomaba nuevamente con todo su fulgor nosotros habíamos revivido en solo una noche, los recuerdos más bonitos junto a nuestros seres queridos.
Se pierden tus pasos en la callada noche tras el sonido de un agónico grito. Se quebró la luna, murieron las estrellas el cielo se tiño de sangre, y tras el pitar de un tren quedaron como muda sombra tus tacones rojos.
Porque, siempre me pregunto la soledad me abraza, se mueren mis sueños y el viento como una hoja sin dueño me lleva hacia un vacío silencioso.
Como duele extrañarte, aún siento el corazón arrugado pero mañana otra vez mi sonrisa cubrirá el dolor de mi desdicha y fingiré que soy feliz.